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Hoy se estrena El desafío (The Walk). Una película de Robert Zemeckis (protagonizada por Joseph Gordon-Levitt) sobre el hombre que caminó entre las Torres Gemelas sobre un cable de acero: Philippe Petit.

Ya nos hablan de ella los compañeros de Blog de Cine, pero nosotros fascinados por la idea hemos querido saber más sobre el funambulismo, una disciplina a medio camino entre imprudencia y perfección técnica; entre la ciencia y el arte.

El siete de agosto de 1974, pasadas las siete de la mañana, Philippe Petit comenzó a andar hacia la torre norte sobre un cable de acero de 200 kilos. Según cuentan, cruzó ocho veces los 60 metros que separaban una torre de la otra y, cuando comenzó a llover, decidió entregarse a la policía que lo esperaba en la torre sur.

Habían pasado 6 años desde que, mientras leía una revista en la consulta del dentista, había visto por primera vez las torres (que aún no estaban construidas) y tuvo una idea. Tiempo después, el mismo Pettit diría «Cuando veo tres naranjas, hago malabares; cuando veo dos torres, las cruzo». Y era bastante descriptivo: en el 71, había caminado entre las dos torres de Notre Dame y en el 73, entre los pilones del puente de la bahía de Sydney.

Pettit, junto a la familia Wallenda, ha sido uno de los funambulistas modernos más conocidos del mundo. Pero la historia del equilibrismo se remonta mucho antes en el tiempo.

Alguien se subió a una cuerda

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Supongo que habrá funambulistas desde que hay cuerdas.** La tentación es grande y la prudencia poca**. Pero los primeros testimonios de funambulismo datan de Grecia y Roma. Durante este tiempo fueron considerados un híbrido extraño con su propio espacio: ni deporte, ni juego, ni arte, ni espectáculo. Fue a final del Imperio cuando empezaron a asociarse con humoristas y charlatanes apareciendo una de las formas seminales del circo en occidente.

En 1389, en París, durante la coronación de Isabel de Baviera unos funambulistas portando velas caminaron desde los chapiteles de la catedral hasta las casas más altas de la ciudad. También en la coronación de Eduardo VI en 1546 o en la visita de Felipe II a su futura esposa y prima, María I de Inglaterra (en cuyo honor se nombró el Bloddy Mary, por cierto).

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Desde el siglo XIV, el carnaval veneciano se inicia con el “Svolo del Turco” o “Volo dell’Angello” un espectáculo de funambulismo en el que el acróbata desciende del campanario de la basílica de San Marcos hasta la plaza que lleva su nombre.

Excepto en grandes ocasiones, funambulistas y acróbatas formaban parte de una tradición satírio-burlesca, con algún componente érotico festivo, que ha llegado hasta casi nuestros días. Y tenemos un testimonio gráfico. Edison en 1901 grabó la actuación de una trapecista en la “se desnudaba” (o el equivalente en vídeos de hace más de siglo).

En las últimas décadas, no obstante, y espoleado por los grandes equilibristas y por el éxito de iniciativas como el Cirque du Soleil, no es difícil ver a funambulistas practicando en los parques de medio mundo.

¿Qué es el funambulismo?

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Entendido en sentido amplio, tiene muchas modalidades aunque todas se reducen a la descripción de Claude Saumaise “un hombre que tenía la planta del pie más ancha que la senda por donde iba”. Puede utilizarse un cable (cuerda tensa), una cuerda floja o una cinta plana de nylon o poliéster (slackline). Y sus finalidades pueden ser “deportivas”, artísticas o incluso ceremoniales. De hecho, algunas de sus modalidades, como el Jultagi coreano, son reconocidas como patrimonio inmaterial de la humanidad.

Pero ¿Cómo es que no se caen?

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“La postura es la clave”, sostiene Sonja Harpstead, profesora de cuerda floja el Circus Harpstead. Básicamente, la técnica intenta bajar el centro de gravedad del cuerpo hacia el alambre. De la misma forma que es más difícil de derribar una pirámide que un bolo, cuanto más cerca esté el centro de gravedad del cable la estabilidad aumenta.

Evidentemente, es más fácil decirlo que hacerlo y, por eso, hay muchos tutoriales en internet. La primera tentación es inclinarse hacia delante para disminuir la masa total. El problema es que hace mucho más difícil caminar por el cable. La técnica más efectiva es caminar recto, doblando las rodillas y porque baja el centro de gravedad pero permite una caminar más natural.

Eso por la parte del equilibrista, pero es que cuando nos subimos a un cable éste tiene vida propia. Idealmente, el cable debería estar completamente tenso y en la medida en que no lo está baila, gira y se retuerce. Por ello, también es recomendable extender las manos o usar algún artilugio (Pettit usó un palo de ocho metros).

A medio camino entre la física y el arte, el equilibrismo es una de las disciplinas más bellas y peligrosas de las artes circenses. En un mundo lleno de efectos especiales, caminar sobre un cable es un signo de autenticidad pero, sobre todo, del hambre de la humanidad por ir más allá.

Imágenes | Magnolia, Wikimedia

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La noticia La Navidad a 417 metros de altura fue publicada originalmente en Xataka por Javier Jiménez .


Source: xataka